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Veinteañera y mal llevada.

- ¿Tu edad era...?
- Veinte años.
- Ah, qué chiquita...
- No me considero chica por tener la edad del tiempo y los años de la vida. Tal vez es usted el muerto.

Uno o dos silencios incómodos...

- ¿Y hace cuánto te dedicás a hacer arte?
- Veinte años y nueve meses.

Ella se para y abre la ventana sin preguntar.

- Dejamos demasiado olor a conversación - aclara.

Se retira moviendo provocativamente sus glúteos firmes de veinteañera y azota tras de sí, la puerta.
Ahora se acerca a mí y clava con bronca el punto final.
Ese sería el fin.

En un rato va a ponerse ropa cómoda y a prepararse un mate amargo.




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Sola

  Me gusta una solera de los '90 que era de mamá o porque era de mamá Usarla en enero en enero cuando a la noche se pone fresquito y la tela no se me pega a la piel y se sienten como frescas las flores medio desprendidas del vestido medio idas al trago Hay un segundo aire en el roce del ruedo sobre los tobillos el estampado no se renueva y toda la vida es el mismo enero aplastado en la espalda sola que a veces parece diferente
Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.

Homogeneísmo

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