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De cuando me evaporo.

Desnuda húmeda mojada estoy sobre los azu- lejos del baño empañado evaporado miro apenas las gotas en mis piernas dormidas siento mi pelo enervado mientras es atravesado por mis dedos arrugados; cremosos se entrelazan al cabello -que lo siente- otra vez, arriba abajo, y yo desnudahúmedaymojada no siento sino apenas las gotas de la lluvia de la ducha que es el cielo golpeando suavecito mi espalda goteante el pelo hipersensible a la docilidad de mis dedos arrugadosycremosos. Y yo, ahí en ese suelo de ese baño no sé ni dónde estoy, si me he evaporado al fin para viajar a mi ese tiempo especial donde soy una nenita con los rizos secos y dorados mirando una vez más las hormigas rojas traidoras pequeñitas a la par que sueño -vuelvo a soñar- esas cosas que una sueña cuando es chiquitita ínfima feliz.

Puede ser

Si yo digo que vivo adentro de una gotita que se fragmenta en mil pedazos y, por lo tanto, en mil gimenitas cuando toca la cerámica roja, debe ser verdad todo eso. Igual que la verdad. Si yo digo que existo y soy la suprema gimena que posa su visión en los mil fragmentos de las gotitas donde viven las gimenitas, es cierto que todo eso existe. Como la gran verdad que se ve con los poros y se toca con el cerebro. Y si yo digo que se hospeda la verdad encima de las cabecitas de las gotigimenitas: a tu ojo, y el de él y el del otro y la otra todo eso sabe a ficción. Pero existe todo eso existe.

La visita.

En el día de ayer, liberé al canario número cien. Elegí las cinco de la tarde (horario cumbre de arribo a la casa de mi abuela). Él o ella volaba con gran ímpetu y dificultad hacia la rama del árbol más lejano y su aleteo de merienda me acercó el inconfundible aroma; recién con él tuve la ocurrencia de mirar mis manos (casi como siempre). Supe las veces que ellas me gritaban que hiciera algo cuando yo miraba a los canarios, mientras ellos me hablaban con su canto hermoso; subiendo y bajando, subiendo y bajando, subiendo y bajando de un palito al otro, chocándose con sus compañeros de celda, esquivándose, buscando un poco de intimidad. Todos creían que iba directo al lavadero porque amaba los animales y me gustaba admirarlos cuando, en realidad, yo no sonreía sino con mucha tristeza porque algo andaba mal. ¡Los amaba! Aunque a sus ojos era una enemiga más. "Somos los reyes", me decía la iglesia en mi cabeza… ¡Qué sitio tan repleto de iglesia era ese! Me acercaban una co...

El tren como serpiente.

(Yo la he visto en el punto en el que se fusionan el ojo y el cerebro y el cerebro a la mente. La concepción de la visual: ojo el espermatozoide, óvulo el cerebro.) Muy orgánica estabas en mi puntito minúsculo porque eras mujer. Una mujer en un tren. Lo sé. Yo te vi subrayando las mismas palabras que yo, el poemario tan caótico en tu pecho de respiración agilizada. Tus líneas bajo las palabras: otoño sombra tiempo eternidad. Estabas subrayando un poemario en un tren y lo ensuciabas entero, con tu pulso torcido. Los círculos envolviendo los adverbios que nunca concluías. Ahora yo te sobresubrayo, estática, sobre la mesa plana. Devuelvo el orden, prolija, a tu caótica lectura de tren en marcha. Ya no quedan rastros de vos. Es mía, ahora, tu lectura.

A la pueta se le raspan las rodillas.

1(997) La mariángeles. El nicolás. La gimena. Los gurisitos quieren salir a juar. Las una.        Las dos.               Las tres. El círculo inquieto en el centro de la siesta. Más allá de la jaula el sol calienta la niñez: Árida la vereda insolada del noventaysiete. La vereda encielada a los gurisitos encandila: Les hace agua en los ojitos. Se les hacen agua los pies. Las tres.            Las cuatro.                           Las cinco. La impaciencia descansada en el centro de la leche. La merienda los deja juar. La merienda les abre la jaula: Las tres patitas ya se escuchan chapotear (la mariángeles, el nicolás, la gimena) sobre el cemento caliente de aliento solar. Juegan a la mancha sobre una calle de tierra. A...

Dios está en las gotas.

Para Gimenita Camino deambulo atardezco en la humedad molesta into the raindrops caigo desciendo anochezco into the raindrops en la humedad molesta. Se me empañan las pestañas chau visual, chau, chau, adiós vayas. Me pongo en posición fetal into the raindrops húmeda, húmeda gotita insignificante de lluvia me pongo en posición fetal para ahogarme luego luengo cuerpo enrostillado. Caigo, caigo muerta into the raindrops multiplicada infinitamente cuando ya soy un cadáver fetal en gotas de lluvia: Gotitas de sudor, mías del cielo cuando coge con dios, los ángeles y los arcángeles y los poetas que mueren atardecen dentro de sus gotitas lacrimales. Gotitas de tinta negra. Gotitas de tinta azul. Gotitas de lluvia. Gotitas de sudor del cielo cuando coge con dios.