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El tren como serpiente.

(Yo la he visto en el punto en el que se fusionan
el ojo y el cerebro y el cerebro a la mente.
La concepción de la visual:
ojo el espermatozoide,
óvulo el cerebro.)

Muy orgánica estabas en mi puntito minúsculo
porque eras mujer. Una mujer
en un tren.
Lo sé. Yo te vi
subrayando las mismas palabras que yo,
el poemario tan caótico en tu pecho de respiración agilizada.
Tus líneas bajo las palabras:
otoño
sombra
tiempo
eternidad.
Estabas subrayando un poemario en un tren y
lo ensuciabas entero, con tu pulso torcido. Los círculos
envolviendo los adverbios
que nunca concluías.
Ahora yo te sobresubrayo, estática, sobre la mesa plana.
Devuelvo el orden, prolija, a tu caótica lectura
de tren en marcha.
Ya no quedan rastros de vos.
Es mía, ahora,
tu lectura.

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Sola

  Me gusta una solera de los '90 que era de mamá o porque era de mamá Usarla en enero en enero cuando a la noche se pone fresquito y la tela no se me pega a la piel y se sienten como frescas las flores medio desprendidas del vestido medio idas al trago Hay un segundo aire en el roce del ruedo sobre los tobillos el estampado no se renueva y toda la vida es el mismo enero aplastado en la espalda sola que a veces parece diferente
Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.

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