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Narración



Ahora
los rayos de luz están acometiendo
contra la tranquilidad de las cosas de la habitación.
Derraman todo su ruido
sobre las sábanas protectoras y la ropa en el piso.
Vos parecés soñar con situaciones extrañas
que te hacen ladear la boca en media sonrisa
y girar la cabeza en sentido contrario al origen del alba.
Yo te miro expectante como si fueras a despertar
para clavarme los ojos apenas abiertos en la mirada insomne.
Con la vergüenza de no haber dormido
me recuesto en tu pecho
y espero el inevitable calor de los rayos.
Nos alcanza. Nos inquieta. 
Nos abrazamos con más fuerza.
Todo es amarillo y las cosas vuelven a dormirse.
Resulta imposible ya abrigarse
con la oscuridad absoluta de la vieja noche.
El color transmutó.
Y sólo resta sentirnos vulnerables.

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