Nuestros cuerpos dormirán regados
sobre superficies cuajadas
las pieles rezumarán bajo la luz cegante
y jamás nada de lo que nos hizo retorcer de goce
volverá a empaparnos igual
el aliento mudo.
Tuvimos humedales en la lengua
minúsculos arroyos de placer en el abdomen
pero ahora nadie trascenderá ya la aridez:
Cuando las palabras se vuelven quebradizas
la boca parece fragmentarse,
infértil,
junto al aire tajante del verano.
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