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El tren como serpiente.

(Yo la he visto en el punto en el que se fusionan el ojo y el cerebro y el cerebro a la mente. La concepción de la visual: ojo el espermatozoide, óvulo el cerebro.) Muy orgánica estabas en mi puntito minúsculo porque eras mujer. Una mujer en un tren. Lo sé. Yo te vi subrayando las mismas palabras que yo, el poemario tan caótico en tu pecho de respiración agilizada. Tus líneas bajo las palabras: otoño sombra tiempo eternidad. Estabas subrayando un poemario en un tren y lo ensuciabas entero, con tu pulso torcido. Los círculos envolviendo los adverbios que nunca concluías. Ahora yo te sobresubrayo, estática, sobre la mesa plana. Devuelvo el orden, prolija, a tu caótica lectura de tren en marcha. Ya no quedan rastros de vos. Es mía, ahora, tu lectura.

A la pueta se le raspan las rodillas.

1(997) La mariángeles. El nicolás. La gimena. Los gurisitos quieren salir a juar. Las una.        Las dos.               Las tres. El círculo inquieto en el centro de la siesta. Más allá de la jaula el sol calienta la niñez: Árida la vereda insolada del noventaysiete. La vereda encielada a los gurisitos encandila: Les hace agua en los ojitos. Se les hacen agua los pies. Las tres.            Las cuatro.                           Las cinco. La impaciencia descansada en el centro de la leche. La merienda los deja juar. La merienda les abre la jaula: Las tres patitas ya se escuchan chapotear (la mariángeles, el nicolás, la gimena) sobre el cemento caliente de aliento solar. Juegan a la mancha sobre una calle de tierra. A...

Dios está en las gotas.

Para Gimenita Camino deambulo atardezco en la humedad molesta into the raindrops caigo desciendo anochezco into the raindrops en la humedad molesta. Se me empañan las pestañas chau visual, chau, chau, adiós vayas. Me pongo en posición fetal into the raindrops húmeda, húmeda gotita insignificante de lluvia me pongo en posición fetal para ahogarme luego luengo cuerpo enrostillado. Caigo, caigo muerta into the raindrops multiplicada infinitamente cuando ya soy un cadáver fetal en gotas de lluvia: Gotitas de sudor, mías del cielo cuando coge con dios, los ángeles y los arcángeles y los poetas que mueren atardecen dentro de sus gotitas lacrimales. Gotitas de tinta negra. Gotitas de tinta azul. Gotitas de lluvia. Gotitas de sudor del cielo cuando coge con dios.

Amar en sepia.

Cierre los ojos los ojos cierre nomás. Figúrese, qué amarillo el cielo está, qué otoñal el suelo que sus pies besan. Qué cálida brisita le vuela la capelina y el vestido de domingo. Figúrese usted, qué día atrevido y seco le roza la entrepierna peluda. Mis ojos se cansan a veces de verle la piel desértica, señorita, rozada por árboles, pastos, flores, zapatos, ropas, calles, verdulerías todo amarillento. Figúrese cómo el arcoiris que a mi boca circunda, podría hidratarle la mano con un beso. Cómo la humedecería, damicela, con mis manos de pincel y mi vagina de acuarelas.

Lo insípido.

No quisiera que algún día lo sintieras. Eso de las manos congeladas blanquísimas muertas. Eso de la nariz sin olfato seca muerta. Sí, no se siente. Horrible. Todo escapa. No se siente horrible el extrañamiento desde la vista hacia las manos insensible-s. Desde las manos hacia la nariz inolfatente. Todo toco          veo irse. No estar. No haber estado. No haberse ido. La carencia absoluta de movimiento. No lo sientas, no lo sientas nunca. Lo blanco es horrible,                 es insípida la ceguera blanca. Verme el cuerpo blanco en el ataúd de las sábanas frías. En el ataúd de las manos insensibles                    de las narices inolfatentes                         la poesía intermitente                         las ...

Paradise fingers (poema pato)

Y si arrancaran mis dedos ya estarían en la cumbre de los cielos dedísticos: dos cielos índice con uñas de esmalte despintado, dos negritos sucios por rasquetear desprolijos la tierra poética. Dos cielos delicados de meñiques quebrantables y modales europeos. Dos gordísimos de desayunar y mezquinar y atragantarse con poemas por la mañana. El cielo para el soltero, el cielo para el casado. Dos cielísimos mayores, rebeldes y elevados. (Paraísos fuck you, paraísos fuck you, sí). Y si arrancaran mis dedos, solos, se irían mis manos como dos arañas gigantes moviendo sus patitas rápido, bajando el picaporte, abriendo la puerta, dejando abierta toda mi casa inmensa; y yo me quedaría manca viéndolos trepar egoístas por las paredes, llegar a sus cielitos y pintarrajearse de identidad multicolor. Divorciarse para siempre de mi cerebro machista y sobreprotector.