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Acabarser.

Hay una mano
que es árbol y roza
mi infinitud con amor.
En las horas oscuras
los dedos
que cuidan de mi curso
-y sus uñas-
se hunden en la vastedad.
Y no creo yo pertenecer
a ese océano
cuyas aguas abismales
me arrastran los pensamientos
que allí dentro
empobrecen;
pero entre las ramas
hay una lengua,
que es lluvia y romance,
que me humedece el oído
con su inconfundible vapor...
Y jamás quisiera yo
llegar conocerla,
pues en el desconocimiento
su humedad
se hace música,
y en su música interminable
mi infinitud
se termina.

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Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.

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