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Casicasi.

Ahí está con los ojos cerrados sintiendo como su presa se le acerca hambrienta y ruidosa (la ingenua).
Y ya ha empezado su depredador a relamerse los cachetes con su lengua roja y mojada porque se imagina el éxtasis del momento en que clave sus garras sobre ella. Y ahí
un poco más,
piensa...
Un poquito más,
ahí,
sí,
un poco más,
dios,  casi,
un poco más!
Ya la siente, casicasi mordiéndole el oído pero se quiere asegurar de que la presa lo roce.
 
Y ahí, en el roce, entonces, mete mano rápidamente. Escucha cómo el bastardo se desinfla
iiiiihhhhhh
y cae sobre la almohada.
Ahhhh,
qué momento único para el insomne sujeto que barre la almohada para no dormir con el cadaver del mosquito al lado.

Ahí están de nuevo,
depredador (con los ojos cerrados a la espera de que algún pariente del muerto se le acerque al cuello)
y presa (con incesante aleteo para clavarle al dormido sus 47 dientes y tantear con ellos los deliciosos vasos sanguíneos).

Ahí... El malmuerto acercándose al maldormido,
casicasi.



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Sola

  Me gusta una solera de los '90 que era de mamá o porque era de mamá Usarla en enero en enero cuando a la noche se pone fresquito y la tela no se me pega a la piel y se sienten como frescas las flores medio desprendidas del vestido medio idas al trago Hay un segundo aire en el roce del ruedo sobre los tobillos el estampado no se renueva y toda la vida es el mismo enero aplastado en la espalda sola que a veces parece diferente
Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.

Entonces prefiero callar

y no es que no tenga palabras,  n o quiero elegir la insatisfacción  de lo dicho.  El libertinaje  de lo dicho.  Porque toda la quietud  en la lengua  es el reparo.  En la boca o la garganta tibia labilidad tierno regocijo siempre silencio.