Ir al contenido principal

Verano.

Supe que el verano hace estragos
en su alma de memorias.
Es el verano
algo más que querer la sombra
de los árboles florecidos en su espacio fértil.

Acaba de cubrirse la cabeza
con hilachas color mango
para no reconocerse como aquella que dejó de ser
hace un tiempo atrás.

Es el verano la ocasión de todos sus años,
de todos sus olores;
la fusión de todos esos
poemas que se gritan entre sí
cada mitad a ambos lados de su cráneo,
un par a cada oreja;

entonces se siente añeja
y en falta con ella misma,
y con el amor platónico que no le ha echado visita
en este verano sofocante.

Supe que el verano le revuelve
los miedos íntimos
y el estómago endurecido de furia,
y de temor
a no hallarse cómoda entre tantos lápices.

El verano le recuerda
que algo le exprimió el cerebro
hasta secarlo de palabras.

El verano hace que se extrañe de sus manos propias,
y eche de menos las letras
que fueron suyas en un tiempo.

Letras que solían ser palabras.

El verano porta olores de lo que se fue
como rehén de Bóreas,
y que más nunca regresará a envolverla.

Ahora se siente un cadáver cara al cielo
en el pasto verde y espinado,
sollozando sus miserias de poetisa;

pronto el verano acabará por descomponerlo
con su calor.

Pronto ella será olores en el aire de verano.



Eimí.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Sola

  Me gusta una solera de los '90 que era de mamá o porque era de mamá Usarla en enero en enero cuando a la noche se pone fresquito y la tela no se me pega a la piel y se sienten como frescas las flores medio desprendidas del vestido medio idas al trago Hay un segundo aire en el roce del ruedo sobre los tobillos el estampado no se renueva y toda la vida es el mismo enero aplastado en la espalda sola que a veces parece diferente

Constantes poéticas.

Creo haberte hablado ya sobre las piedras rígidas del asfalto negro azulado, las perlas ocasionales de las luces fugitivas, repentinas que espejan aquello que no es que nunca será nada. Creo haberte hablado acerca de los anuncios que poetas de aquello que nadie lee bailan acéfalos incesante coreografía dentro de música oxidada en frío nocturno que no es que no exis te. Y de los ojos abrillantados por hambre del perro que te mira desde la esquina donde dobla el viento helado que le cala la escasa carne hasta la insignificancia de sus huesos tan mar chitos. De los tiempos, también en que los ojos se me quedaban tiesos frente al tiempo como las piedras frente a los autos y como los anuncios frente a la rudeza del aire impío. Te dije en algún tiempo, que era yo cierto perro aterrado frente a la sarna y el descuido de la calle iluminada repentinamente te dije ...

Homogeneísmo

3 Que la tibieza me cubra del sol aunque esté mojada. Vamos, que odio sentir como mi piel se derrite y se funde con la carne. Reventándose las venas: Miro, siento. Pero ella se siente purificada. Que el dolor me cubra del fuego. Vamos, que me encanta arder y ella odia sentir- se pura. 4 ¿No ves acaso mis deseos de ser? Qué no debo hacer para no ser tuya... Tanto, como para no ser mía.  Que ahora acabo de abrirme paso entre el ardor de sus sesos muertos... ¿No ves?  O que acaso mis deseos de ser no son demasiado como desear permitirme, incluso, estar dentro  de mí . ¿No ves?  ¿No ves acaso mis deseos de ser, aún cuando la sombra del árbol la abraza mientras busca su cuerpo en el aire?  ¿No la ves acaso? Auxiliándose, orgullosa. Y rasguñándose con las uñas sucias de enigma;  ya empiezo a ver su carne roja, y el dolor rojo de la sangre incolora que aflora de mí. ...