Me siento putrefacta entre tanto sinsentido ¡lo estoy gritando! vomitando blancas larvitas que son el olvido. Solía dotarme de palabras fecundas, recostar la espalda en el piso de la ducha, acariciar con las yemas los azulejos y sentirme a c uáti c a y vieja pero cuando una ve desde lejos el propio cuerpo se tantea desesperada y como si fueran otras las manos bucea protegiendo la patética fragilidad. Esta sangre que grito desde el cuello marchito es una ya volcada de gusanos añejos. ¡Abandónenme! Lo estoy diciendo ¡no más palabras!