Ir al contenido principal

Los labios dicen que

Perdonnenos si
somos tan hermosas que
les provocamos el suicidio
o el homicidio o
el femicidio o
el abuso y esas cosas.
Perdonnenos
si con estas curvas de diosas en tierra
les provocamos la pérdida de
control
y los reducimos
-sus bellos autos
su magistral creación
masculina- a
inútiles cenizas.
Perdónnenos el no
poder haber inventado
el auto o
la pólvora o
las bombillas de luz o
las apestosas bombas nucleares o
la guitarra eléctrica o
la arquitectura la matematica
la ingeniería filosofía o arte
¡o el universo mismo!
a causa de estar
tan estúpida
y encorsetadamente
MA
RA
VI
LLA
DAS
con los productos de limpieza que
tan magistralmente inventaron
para nosotras.
 ¡GRACIAS!
Perdónnenos por distraerlos,
por ser la causa del mal en el mundo,
por generar en ustedes el
terror perverso
de pensar que unos seres tan
endemoniadamente hermosos
tal vez
quizás
también
libres pudieran ser
celestialmente inteligentes.
Perdónnenos
por el interminable temor
que les provoca
la idea de que sepamos lo fuertes
que podemos llegar a ser.
Perdónnenos
porque no entienden
que tenemos un
minúsculo pene atrofiado
en nuestras húmedas
y rosaditas
y perfectas cavernas
que se nos para
cada vez que hacemos el amor.
Perdón
también por querer hacer el amor
sin una pizca de amor.
Perdón
por hacerles saber
que las diosas
también hacemos caca y
tenemos unos horribles
(aunque femeninos)
pelitos
¡en todo el cuerpo!
A la vez que notan que seguimos siendo
asquerosamente hermosas.
Perdón
que les lastime la incomprensión
de que los amamos tanto que

les perdonamos todo.



NOTA: Este poema fue escrito por Gimena, no por Eimí.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sola

  Me gusta una solera de los '90 que era de mamá o porque era de mamá Usarla en enero en enero cuando a la noche se pone fresquito y la tela no se me pega a la piel y se sienten como frescas las flores medio desprendidas del vestido medio idas al trago Hay un segundo aire en el roce del ruedo sobre los tobillos el estampado no se renueva y toda la vida es el mismo enero aplastado en la espalda sola que a veces parece diferente

Constantes poéticas.

Creo haberte hablado ya sobre las piedras rígidas del asfalto negro azulado, las perlas ocasionales de las luces fugitivas, repentinas que espejan aquello que no es que nunca será nada. Creo haberte hablado acerca de los anuncios que poetas de aquello que nadie lee bailan acéfalos incesante coreografía dentro de música oxidada en frío nocturno que no es que no exis te. Y de los ojos abrillantados por hambre del perro que te mira desde la esquina donde dobla el viento helado que le cala la escasa carne hasta la insignificancia de sus huesos tan mar chitos. De los tiempos, también en que los ojos se me quedaban tiesos frente al tiempo como las piedras frente a los autos y como los anuncios frente a la rudeza del aire impío. Te dije en algún tiempo, que era yo cierto perro aterrado frente a la sarna y el descuido de la calle iluminada repentinamente te dije ...

Homogeneísmo

3 Que la tibieza me cubra del sol aunque esté mojada. Vamos, que odio sentir como mi piel se derrite y se funde con la carne. Reventándose las venas: Miro, siento. Pero ella se siente purificada. Que el dolor me cubra del fuego. Vamos, que me encanta arder y ella odia sentir- se pura. 4 ¿No ves acaso mis deseos de ser? Qué no debo hacer para no ser tuya... Tanto, como para no ser mía.  Que ahora acabo de abrirme paso entre el ardor de sus sesos muertos... ¿No ves?  O que acaso mis deseos de ser no son demasiado como desear permitirme, incluso, estar dentro  de mí . ¿No ves?  ¿No ves acaso mis deseos de ser, aún cuando la sombra del árbol la abraza mientras busca su cuerpo en el aire?  ¿No la ves acaso? Auxiliándose, orgullosa. Y rasguñándose con las uñas sucias de enigma;  ya empiezo a ver su carne roja, y el dolor rojo de la sangre incolora que aflora de mí. ...