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Los labios dicen que

Perdonnenos si
somos tan hermosas que
les provocamos el suicidio
o el homicidio o
el femicidio o
el abuso y esas cosas.
Perdonnenos
si con estas curvas de diosas en tierra
les provocamos la pérdida de
control
y los reducimos
-sus bellos autos
su magistral creación
masculina- a
inútiles cenizas.
Perdónnenos el no
poder haber inventado
el auto o
la pólvora o
las bombillas de luz o
las apestosas bombas nucleares o
la guitarra eléctrica o
la arquitectura la matematica
la ingeniería filosofía o arte
¡o el universo mismo!
a causa de estar
tan estúpida
y encorsetadamente
MA
RA
VI
LLA
DAS
con los productos de limpieza que
tan magistralmente inventaron
para nosotras.
 ¡GRACIAS!
Perdónnenos por distraerlos,
por ser la causa del mal en el mundo,
por generar en ustedes el
terror perverso
de pensar que unos seres tan
endemoniadamente hermosos
tal vez
quizás
también
libres pudieran ser
celestialmente inteligentes.
Perdónnenos
por el interminable temor
que les provoca
la idea de que sepamos lo fuertes
que podemos llegar a ser.
Perdónnenos
porque no entienden
que tenemos un
minúsculo pene atrofiado
en nuestras húmedas
y rosaditas
y perfectas cavernas
que se nos para
cada vez que hacemos el amor.
Perdón
también por querer hacer el amor
sin una pizca de amor.
Perdón
por hacerles saber
que las diosas
también hacemos caca y
tenemos unos horribles
(aunque femeninos)
pelitos
¡en todo el cuerpo!
A la vez que notan que seguimos siendo
asquerosamente hermosas.
Perdón
que les lastime la incomprensión
de que los amamos tanto que

les perdonamos todo.



NOTA: Este poema fue escrito por Gimena, no por Eimí.

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Sola

  Me gusta una solera de los '90 que era de mamá o porque era de mamá Usarla en enero en enero cuando a la noche se pone fresquito y la tela no se me pega a la piel y se sienten como frescas las flores medio desprendidas del vestido medio idas al trago Hay un segundo aire en el roce del ruedo sobre los tobillos el estampado no se renueva y toda la vida es el mismo enero aplastado en la espalda sola que a veces parece diferente
Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.

Entonces prefiero callar

y no es que no tenga palabras,  n o quiero elegir la insatisfacción  de lo dicho.  El libertinaje  de lo dicho.  Porque toda la quietud  en la lengua  es el reparo.  En la boca o la garganta tibia labilidad tierno regocijo siempre silencio.