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Marino.


Te vi asustado por el agua de tu lluvia y quise perfumarte de azul,
disfrutaras de las gotas de tu pecho endurecido. Te vi y tu lluvia te asustaba,
y te dolía como el agua te quemaba por dentro hasta las uñas de los pies que ante la pesadez temblaban.
El perfume azul te envolvía de frescura inmensa, por fuera te rozaba la carne
pero en tu nariz perdía el color.
Y te envolvía otra vez de azul, el perfume que yo soplaba, y en tu nariz
la vida azul perdía. Y tu lluvia perdías a su vez con temor ciego tan tuyo.
Y dejaba de gotearte el dolor,
para siempre.
Y mi perfume, para tu nariz, sin color, sin fresca lluvia;
perenne.

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Sola

  Me gusta una solera de los '90 que era de mamá o porque era de mamá Usarla en enero en enero cuando a la noche se pone fresquito y la tela no se me pega a la piel y se sienten como frescas las flores medio desprendidas del vestido medio idas al trago Hay un segundo aire en el roce del ruedo sobre los tobillos el estampado no se renueva y toda la vida es el mismo enero aplastado en la espalda sola que a veces parece diferente
Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.

Entonces prefiero callar

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