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Si se embalsa el río

Entre la primavera del 62 y el invierno del 71, Luciano tuvo siete hijos. Ya transcurrido el primer trimestre del embarazo número cuatro decide, mujer mediante, encajonar su guitarra criolla manufacturada en el 53 y el acordeón que escasamente recuerda dónde y cómo consiguió.  Se inicia en la labor de la albañilería con un pesar, créanme, mayor al de aquel que despierta una mañana sabiéndose esclavo, y se enfila en la incertidumbre de saberse hombre fértil y rutinario.  Por suerte, el pueblito crece y la mayor parte del trabajo la realiza sobre las costas del río. Ranchos de fin de semana, ampliaciones en chacras, su propia casa. Andá a saber si eso le importa. Lo que sí, cerca de la costa es mejor siempre. Al menos hay verde, al menos hay azul, al menos el río corre y Luciano no sabe si desemboca o mucho menos dónde. Eso es muy bueno. Porque Luciano piensa entretanto que el chamamé viene del norte, y viene bajando con un cúmulo de brisa sabor pez hasta donde está él, labu...

Aripiprazol

Tanto en mi mente ha tomado carácter de acontecimiento. No quiero escindir-me entre los versos o la cabeza estuve cientos de veces en esta hamaca en el año 2021. Todo lo viví hasta la transitoriedad. No hay incertidumbre. No quiero escindir esta prosa. No quiero hablar. No quiero decir. No quiero pensar. El aire está viniendo desde detrás de mis orejas. El aire está viniendo desde mi frente. Mi pelo tiene gusto a almendras o transpiración. La lluvia está viniendo desde el este. Los relámpagos desde Uruguay. Los truenos desde absolutamente todas partes. Yo vengo fragmentada con el viento. Este poema tiene sabor a agua. El agua no tiene sabor. Este cuerpo tiene olor al 2021. Noviembre 2015

¿O no es tu memoria, también, esperpento y autoficción?

<< A mi otra yo, que me acompañó los últimos cinco años . A quien despido con esto . Y amo . >> <<Once there was a little girl used to wonder what she would be went out into the big wide world now she's just a memory>> Mark Knopfler Prólogo No es casual que a este breve poemario lo integren ocho poemas (además de las intervenciones de los Corifeos): Las arañas tienen ocho ojos y ocho patas y, para varias culturas, son   el símbolo de la evolución, del crecimiento y la sabiduría del destino que construimos. Y viene a cuento también por dos razones: El sentido del conjunto, desde la dedicatoria “a mi otra yo que me acompañó los últimos cinco años…” o, el epígrafe, donde cita al músico Mark Knopfler: “Había una vez una niña/ que se preguntaba qué sería salir al gran mundo/ ahora ella es solo un recuerdo” (la mala traducción es mía); recorren algo así como lo que en biología se conoce como la “muda”, la renovación de los tegumento...

Una parte de mi cuerpo.

Mamá siempre entendió mejor mi pelo. Jamás supe peinarlo, los rulos por doquier, la textura desmoronada, el frizz. Mis peinados, represores, dejan enorme mi frente. Mi mamá y mi pelo se amaban mejor: he pasado tardes trepada a los árboles jugando a la mona (cabeza abajo confiando en las rodillas) ramitas sosteniendo el peso. Los peinados de mama resistían la danza alocada de los rulos, mamá me dejaba siempre linda y libre. Incluso miraba al revés, todo, los pastos de las colinas en San Carlos eran mi cielo verde de locura y el pelo libre dejaba combinar con la arena de debajo de las hamacas. Hasta la tierra le sentaba al pelo tocado por mamá. Acaso porque se conocieron primero. Mamá siempre sabe más. En esas épocas siquiera osaba yo  mirarme en el espejo  y ya creía en cambio, gracias a ella,  que era hermosa y libre también.