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Le leí la mente a un tipo enamorado.

"Capaz no está pensando en que cuándo vive o si vive o no, definitivamente ni piensa.
- "                           " - eso dice, eso le leo. Eso está arriba y abajo. En su energía.
Y hasta su silencio me resulta profundo. Eso dice "quiero, creo, qué qué qué, quién quién, por qué. Qué rico el mate, que rico lamer la vida a veces, que rico no lamer y tragarme la saliva también." Todo eso dice su silencio. Aunque capaz ni es silencio, capaz escribe sus pensamientos con letra minusculita para que gente como yo no la descubra ni la desnude porque es timidita y vergonzosa. Simploncilla.
Qué ruido que me hace porque su real silencio serían sus gritos. Si cuando se va está todo quieto y aburrido. Quiero leer lo que queda y son todos:
- "Mañana hay que..." - Juan.
- "Mañana tengo que..." - María.
- "Mañana, fo, mañana..." - Muchos.
Ah, como ya la extraño, como ya me..."

Y ahí fue cuando se durmió y sus sueños causaron interferencia en la recepción de la señal.

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Sola

  Me gusta una solera de los '90 que era de mamá o porque era de mamá Usarla en enero en enero cuando a la noche se pone fresquito y la tela no se me pega a la piel y se sienten como frescas las flores medio desprendidas del vestido medio idas al trago Hay un segundo aire en el roce del ruedo sobre los tobillos el estampado no se renueva y toda la vida es el mismo enero aplastado en la espalda sola que a veces parece diferente
Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.

Homogeneísmo

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