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Oficio

A moldearte,
a moldearte en curvas
sorteando la rectitud aburrida.
¿Quién te enseña?

¿Quién te enseña
a saber cuando quien enseña ignora?

¿Quién te enseña?

La pared, la piel,
el muro en tu cabeza cubierto de moho,
es todo lo mismo,
y él,
que te enseña que es lo mismo
desprolijo y tonto,
sucio y loco...
Como agua a la cordura.

¿Quién te enseña?

Más vale suicida que mal acompañado,
más vale asesino,
que muerto en vida.

Más vale poeta que loco,
que cuerdo,
y que igual a vos.

Eimí.


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Sola

  Me gusta una solera de los '90 que era de mamá o porque era de mamá Usarla en enero en enero cuando a la noche se pone fresquito y la tela no se me pega a la piel y se sienten como frescas las flores medio desprendidas del vestido medio idas al trago Hay un segundo aire en el roce del ruedo sobre los tobillos el estampado no se renueva y toda la vida es el mismo enero aplastado en la espalda sola que a veces parece diferente
Veíamos a Cobain destrozado y me daba los besos más sinceros en el suelo sin sombras que nos arrastraran los pensamientos. Llamábamos los sonidos y el olor a los sueños de triunfar con las tripas en una ciudad tal vez inventada, apretando los párpados, fuerte, aferrados al instinto. Desde el piso frío igual que a los 13 me elevaba la imaginación y la vida, sin importarme llegar al final deformada y con los párpados grisáceos y sola como empecé. Como si fuera parte del sueño también el meter la llave en la cerradura mojándome con la lengua el labio superior para no despertar a nadie o volver con los pelos revueltos sin un poquito de vergüenza porque nunca a nadie una boca le puso tan cerca de la nariz la incertidumbre, hasta el punto de poder oler el futuro en el propio aliento excitado.

Entonces prefiero callar

y no es que no tenga palabras,  n o quiero elegir la insatisfacción  de lo dicho.  El libertinaje  de lo dicho.  Porque toda la quietud  en la lengua  es el reparo.  En la boca o la garganta tibia labilidad tierno regocijo siempre silencio.