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- Cómo cae la tarde, Dorita, ¿viste? - Con asombro, como si ambas se estuvieran yendo con la tarde, tras el vidrio del colectivo. 
Afuera los campos que rodean Jubileo van quedando negros y ambas octogenarias parecen abandonar el viaje a Paraná en el pavor ante el advenimiento de la noche y el rocío. Como si de la muerte misma se tratara.

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Sola

  Me gusta una solera de los '90 que era de mamá o porque era de mamá Usarla en enero en enero cuando a la noche se pone fresquito y la tela no se me pega a la piel y se sienten como frescas las flores medio desprendidas del vestido medio idas al trago Hay un segundo aire en el roce del ruedo sobre los tobillos el estampado no se renueva y toda la vida es el mismo enero aplastado en la espalda sola que a veces parece diferente

Constantes poéticas.

Creo haberte hablado ya sobre las piedras rígidas del asfalto negro azulado, las perlas ocasionales de las luces fugitivas, repentinas que espejan aquello que no es que nunca será nada. Creo haberte hablado acerca de los anuncios que poetas de aquello que nadie lee bailan acéfalos incesante coreografía dentro de música oxidada en frío nocturno que no es que no exis te. Y de los ojos abrillantados por hambre del perro que te mira desde la esquina donde dobla el viento helado que le cala la escasa carne hasta la insignificancia de sus huesos tan mar chitos. De los tiempos, también en que los ojos se me quedaban tiesos frente al tiempo como las piedras frente a los autos y como los anuncios frente a la rudeza del aire impío. Te dije en algún tiempo, que era yo cierto perro aterrado frente a la sarna y el descuido de la calle iluminada repentinamente te dije ...

Homogeneísmo

3 Que la tibieza me cubra del sol aunque esté mojada. Vamos, que odio sentir como mi piel se derrite y se funde con la carne. Reventándose las venas: Miro, siento. Pero ella se siente purificada. Que el dolor me cubra del fuego. Vamos, que me encanta arder y ella odia sentir- se pura. 4 ¿No ves acaso mis deseos de ser? Qué no debo hacer para no ser tuya... Tanto, como para no ser mía.  Que ahora acabo de abrirme paso entre el ardor de sus sesos muertos... ¿No ves?  O que acaso mis deseos de ser no son demasiado como desear permitirme, incluso, estar dentro  de mí . ¿No ves?  ¿No ves acaso mis deseos de ser, aún cuando la sombra del árbol la abraza mientras busca su cuerpo en el aire?  ¿No la ves acaso? Auxiliándose, orgullosa. Y rasguñándose con las uñas sucias de enigma;  ya empiezo a ver su carne roja, y el dolor rojo de la sangre incolora que aflora de mí. ...